Desde Patagonia. por Raúl Navarra
Te presentí en la claridad de la mirada de Marina, vi tu luz y la de tu compañera.
Por eso no fue extraño encontrarnos en este rincón lejano de la Patagonia y conversar como viejos amigos y decir cosas nunca dichas.
Solo un encuentro, familias, pizza, vino de fruta y también por una noche compartiste generosamente tus amigos y esta charla que queda trunca, compañero del alma.
No perdono a la vida desatenta
que tenemos que hablar de muchas cosas
pero sé que encontrare esas palabras en las ideas que sembraste.
