En un golpe de pulgar. por Erika
Un abrazo eterno de tu “dos de oros” Llevo un rato delante del ordenador y no me salen las palabras. Tal vez, porque aun no puedo aceptar que no vuelva a verte nunca. Tal vez, porque no quiero hacerlo. Y como una tonta vuelvo a abrir el álbum de fotos, no puedo evitarlo, y los recuerdos salen solos y de pronto estoy de nuevo contigo y con la tía y los primos en el parque del Retiro, o comiendo tus fideos con tuco o simplemente oyéndote hablar y sintiéndome tan orgullosa de ti que me dan ganas de decirle a todo el mundo “si, ese de ahí es mi tío”. Te tuve a mi lado cuando el mundo se me vino encima, cuando me sentí sola, cuando más necesité a un padre. Por todo eso te doy gracias, miles y miles de gracias. Gracias por haber sido así, por haber estado ahí. Se despide de ti hasta siempre con beso y un abrazo tu sobrinita chiquita, un alma de niña metida en un cuerpo grande, que ansía ser de mayor como su tío Luis.
